
Los cabellos blancos caen suavemente sobre su frente, surcada por el tiempo. Verdes, sus ojos cansados irradian aun a veces, destellos que reflejan la pasión que anida en su alma y que el paso de los años ha ido serenando, transportando lentamente al profundo vacío del olvido a ese agujero negro en que la edad muta a la memoria humana. Sus dedos, largos y delgados, recorren temblorosos y emocionados las amarillentas páginas del viejo álbum que guarda con celo esas imágenes retazos de su vida. Fotos en sepia de su madre, bella como una Virgen de murillo y rodeada de niños que sonrientes se aferran a sus largas faldas. Detiene su dedo en la pequeña que la madre sostiene en sus brazos, "Esta soy yo". Y pasamos la página mientras explica que su madre moría dos años después de ese día en que, a juzgar por la foto, la felicidad reinaba en su casa. Sus ojos se paran en una imagen que se sitúa en el centro llenando casi toda la página, "Este es mi padre" me dice emocionada. Su rostro se ilumina, mira la imagen con veneración, la acaricia, la besa..."Mi padre pertenecía a una familia noble asturiana. Se enamoró de mi madre y se casó con ella en contra de toda su familia. Desde entonces, no volvió a tener contacto con ellos. Era abogado, y fue un alto cargo en el gobierno de la república. Era un hombre bueno que jamás hizo daño a nadie y que luchó siempre por las causas justas. Ayudó a mucha gente, eso le valió morir empobrecido, por eso yo le amo tanto y le recuerdo como si todavía estuviera conmigo. Yo era su pequeña….Su pequeña Laura. Murió poco antes de que estallara la guerra, y casi fue mejor, así no sufrió viéndome presa, maltratada y violada. Yo se que nunca pudo olvidar a mi madre y le mató la pena que llevaba escondida en el alma".
-¿Estuvo usted presa, Laura?
-"Sí, hijita sí –toma mi mano entre las suyas —Es que…. sabes? Yo fui roja, muy roja. Y lo sigo siendo. Roja por dentro y por fuera. Siete largos años, hija mía. Siete largos años privada de libertad, siete humillantes largos años…. Añorando a mi esposo del que no sabía nada, a mi hijita que durante ese tiempo tuvo que cuidar mi cuñada... Cuando peor lo pasé fue cuando salí de la cárcel y le tuve que decir a mi esposo, preso en Burgos, que me habían violado. Lo recuerdo como si fuera ahora. Recuerdo que extendió sus fuertes brazos de guerrillero a través de las rejas, y me abrazó llorando, sólo pudo decirme…. Laura... Mi Laura".
Cae la noche y su manto de un suave azul oscuro vela las lágrimas que anegan los dulces ojos de Laura. Imbuidas en la conversación no reparamos en las luces apagadas. Bajo el interruptor y la amplia habitación se llena de luz. Limpio suavemente sus húmedas mejillas, ella acaricia mis manos y me da las gracias.
Cae la noche y su manto de un suave azul oscuro vela las lágrimas que anegan los dulces ojos de Laura. Imbuidas en la conversación no reparamos en las luces apagadas. Bajo el interruptor y la amplia habitación se llena de luz. Limpio suavemente sus húmedas mejillas, ella acaricia mis manos y me da las gracias.
-"Mira, ¿ves?"–Me enseña una hoja de papel envejecido que saca de una de las páginas. Me muestra un poema y me pide por favor que se lo lea. Es el poema, que Manuel escribiera en la cárcel después de la dolorosa confesión de Laura, a través de una lírica bellísima Manuel desnuda su alma. Cuanto amor hay en cada verso!!! Noto que mi voz se quiebra leyendo, estoy muy próxima al rostro de Laura, mi mano estrecha cálida las suyas – veinte inacabables años esperándole, veinte años sintiendo su ausencia dentro de mis entrañas- y su voz es un entrecortado susurro. Pasa de nuevo las Hojas, despacio, acariciándolas, viviéndolas, materializándolas. Me señala con orgullo una foto que guardó celosamente, como me dice ella “ muy pegadita a su alma”; cogidas de la mano, con uniforme militar el puño en alto y la sonrisa amplia, ella e Ibarruri, Dolores, Pasionaria.
Miro el reloj, se acerca la hora de irme, me espera Juan , otro de mis queridos enfermos. Antes curo las ulceras de su pie y limpio sus ojos con suero, refresco su cuerpo, le pongo el camisón, y la acuesto en su cama. Aun le da tiempo a contarme lo mucho que le costó encontrar trabajo en la España de posguerra siendo expresidaria y mujer de un republicano. La muerte de su hija cuando tenía tan sólo treinta años… Que esperó fiel a su Manuel hasta “que el régimen quiso soltarlo”….
"...Arriba parias de la tierra, en pie famélica legión…", comienzo a cantar bajito. Espero que me siga, y lo hace emocionada levantando su débil puño en alto, su voz viva y a la vez quebrada...Le doy la rosa roja que le he llevado, hoy es su noventa y seis cumpleaños. Una sonrisa muy dulce se refleja en sus labios. Me mira con infinita ternura, me acaricia el rostro y me dice un sentido: "Gracias, hija. Gracias". La dejó casi dormida, la sonrisa en los labios y una profunda serenidad en su cara.
He pasado la noche inquieta, me despierta el teléfono, es DW, mi jefe. –Alo? "Mira que hoy no vayas a curar a Laura. Ha fallecido esta madruga".Y mis ojos se inundan con la ternura de tu mirada. Laura, apasionada Laura, sutil Laura, Laura ¡¡¡MI LIBERTARIA!!!
-María Victoria-





1 comentarios:
Hola,
perdón por poner esto aquí, puede borrarlo una vez leído.
Solo quería que supiera de la existencia del directorio de blogs directorio-de-blogs.net, donde usted puede dar a conocer su blog totalmente gratis.
Saludos,
Mónica
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