Lloró por muchas lunas imaginándole danzar entre las hadas,
hasta que el amargo sabor de las lágrima anegó su alma.
Dejó de contar las noches de ausencia, de espera tortuosa,
sintiéndose un vejado muñeco de trapo en sus manos.
Tenía los dedos teñidos de luna cuando la sorprendió la madrugada.
Un sólo pensamiento en la mente torturada
¡Dejar de amarle, su amor dañaba!.
Retorció sus entrañas hasta destruir ese iluso sentimiento que se filtró un día por la latente inseguridad de su alma, de que, a pesar de todo, él la amaba.
La luz del nuevo sol se derramó en su cara.
No más sueños que la rompan.
Corrió hacia la cegadora luz.
El gesto enérgico borró todo recuerdo de él en su alma.
Despues de la larga tempestad...
su ser se inundó de calma.
Atras quedaba la niebla, esa niebla espesa que todo lo deformaba.
-María Victoria-
jueves 19 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada